15 dic. 2008

Basta de alquileres

El 15 de diciembre de 2003, Argentinos jugaba por última vez como local en un estadio que no le pertenecía.

Facundo Bonvin. Los dos goles de la despedida del Bicho como local en Ferro.


Por Javier ROIMISER

Nadie en su momento creyó que unos meses serían varios años. Cuando el 12 de junio de 1983 Argentinos le ganó a Temperley por 2 a 1 en el viejo estadio de madera de Boyacá y Juan Agustín García, ni el más pesimista de los hinchas del Bicho pensó que debería esperar tanto tiempo para volver a jugar en una cancha propia. En el medio de esa historia de 20 años, 6 meses y 3 días pasaron cuatro campeonatos -dos logrados en el exterior- y dos descensos, el último aún sintiéndose en carne propia. Aquel 15 de diciembre de 2003 Argentinos le decía adiós a más de dos décadas de jugar como local en estadios ajenos. Pasaron, en orden cronológico, las canchas de Ferro Carril Oeste, Boca Juniors, Vélez Sarsfield, River Plate, Deportivo Español, Huracán, Atlanta, el Malvinas Argentinas de Mendoza y hasta el Orange Bowl de Miami, Estados Unidos.
Ese día de diciembre de 2003 Argentinos finalizaba una discreta participación en el Apertura de la Primera "B" Nacional, acabando por mitad de tabla con un empate ante Huracán de Tres Arroyos. Dos veces estuvo en ventaja a través de Facundo Bonvin y dos veces empató Huracán, a través de Rodrigo Palacio -hoy figura de Boca Juniors- y el 'Novillo' Claudio García. El Bicho alineó aquella tarde a César Velázquez; Julio Barroso, Leandro Fleitas, Nicolás Pisano y Gonzalo Bidal; Gastón Machín (a los 79' ingresó Matías Arce), Facundo Pérez Castro y Leonel Núñez; Leonardo Pisculichi; Cristian Calabrese (a los 82' entró Lucas Barrios) y Facundo Bonvin. El Director Técnico era Sergio Daniel Batista, que había reemplazado una fecha antes a Gustavo Quinteros en el cargo.
Poco importó el resultado en las tribunas del "Arquitecto Etcheverry". Lo mejor estaba por llegar. Once días más tarde, la inauguración del Estadio. Siete meses después, el ascenso a Primera. Hoy parece increíble recordar todo lo que pasó tras aquella tarde en Caballito...

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